“Un muchacho llamado Norte” A vueltas con Frodo Bolson

"Un muchacho llamado Norte" A vueltas con Frodo Bolson

La cutrez o casposidad fílmica puede ser medida con muchos baremos, pero fundamentalmente está dividida en dos categorías: películas cuya intención es legítima y logran exactamente lo que buscaban, y películas, las cuales, sin pretenderlo, terminan teniendo el tamaño y propiedades de la deposición de un triceraptos adulto. Sabido esto, uno puede ya detenerse en qué es lo que le confiere ese sello, ya sea el montaje, el guión o la calidad interpretativa del plantel de actores.

Por ser ésta mi primera crítica en lo que a cine cutre se refiere, comenzaremos con algo suave, ligero, un simple aperitivo del despropósito que puede llegar a ser una película. Ya habrá tiempo para las vísceras, los zombies, monstruos mutantes y efectos especiales de tómbola de barrio. Hoy, me ¿complace? traeros  “Un muchacho llamado Norte· (1993)”, dirigida por Rob Reiner, y protagonizada por nada menos que Elijah Wood ( nuestro querido Frodo Bolson), Bruce Willis (ataviado como un conejo rosa) , Jason Alexander y Julia Louis-Dreyfus ( los geniales George y Eleine de la serie Seinfleld)  o una esquimalizada Kathy Bates entre otros. Con este nada desdeñable grupo de actores, podría suponerse que, como mínimo, un trabajo actoral más que decente. Pero he aquí la magia que obra un nefasto guión, que ni la presencia de tales estrellas o ser dirigida por el director de “La Princesa prometida” o “Cuando Harry encontró a Sally” puede salvar del hundimiento.

NORTH, Kathy Bates, Graham Greene, Elijah Wood, 1994. ©Columbia Pictures

La premisa es simple: un niño, Norte, quiere divorciarse de sus padres, pues no considera que le quieran demasiado, y para ello, se embarca en un recorrido mundial y multicultural al encuentro de una familia que sí lo haga. La película podría haber sido un entretenido y agradable paseo por la ligereza de los films infantiles. Aquí, nos encontramos un sendero plagado de socavones, metidas de pata políticamente incorrectas y momentos de pasmosa incredulidad (más de una vez me encontré pidiendo explicaciones a la misma película en voz muy alta).

En primer lugar, y tras pensarlo unos fríos 6 segundos, nuestro protagonista, Norte Bolson, recurre a un amigo suyo, director del periódico de la escuela, quien le ayuda a separarse de sus padres. Cabe destacar dos cosas de este “amigo”: la primera, el poder que puede llegar a detentar un crío de 9 años para sumergirse en los recovecos legales y periodísticos para conseguir los deseos de Norte; y segundo, y más importante, la “revelación” de que él es el villano de la película, dando órdenes a adultos y usando matones para sus retorcidos planes de dominación mundial.

Recibida la terrible noticia de que su hijo quiere poner de por medio cuanto más tierra mejor, ambos padres caen en un estado catatónico. Y ahí los dejan, en modo ahorro de energía el 80% del metraje, usándolos como chiste recurrente de vez en cuando (son mostrados en un museo, al que acuden colas de visitantes para admirar a los shockeados progenitores).

NORTH, Elijah Wood, Jason Alexander, Julia Louis-Dreyfus, 1994, (c)Columbia Pictures

Pero continuemos con el señor Bolson y sus alocadas aventuras, pues comienza el periplo en busca del Cariño Perdido. Y, como ya he comentado, el muchacho no puede quejarse de no tener opciones, pues no solo se cruza de sur a norte el continente americano, sino que llega hasta la China Imperial o Francia; de lo que sí puede quejarse es del guionista que se documentó sobre los sitios a visitar, soltando una diatriba de tópicos puritanos y que incluso rayan lo absurdo. Desde reírse del alfabeto usado en Hawai, ridiculizar la cultura esquimal (donde, según la película, a los ancianos les sueltan en el mar sobre un mini fiordo con un sillón y una tele sintonizando los Simpsons para que no estorben), o llevarnos a Francia, donde todo el mundo fuma, bebe vino, lleva boina y ven viejas películas de Jerry Lewis en cualquier canal (porque eso es lo que hacen, ¿verdad película?¿VERDAD?). Sin olvidarnos que en China lo toman por un nuevo Emperador y figura de adoración. Así, de gratis.

Para acabar, no pierden oportunidad de reírse también de los texanos y los amish. Casi me sorprende no hallar alguna referencia a la cultura afroamericana.

Tras muchos tumbos a lo ancho y largo del globo, encuentra una familia que no solo es americana, sino prácticamente modélica. Le aprecian, no está malograda por el guión y tiene como padre a John Ritter (el padre de “Este chico es un demonio”) y a una debutante Scarlett Johansson. Incluso tienen un par de comidas y cenas en las cuales las buenas vibraciones se notan a millas de distancia. ¿El problema? Por alguna razón que ni el mismo personaje de Elijah Wood comprende, no se siente a gusto con ellos (reitero de nuevo: SCARLETT JOHANSSON), y decide regresar con sus padres. Al parecer al guión se le olvidó dar profundidad o motivaciones reales al personaje.

North-1994

Tras sortear a los matones enviados por el villano de pega, se reencuentra con sus padres, teniendo un mágico reenc…..ah, esperad, no existe tal reencuentro porque TODO HA SIDO UN SUEÑO  al más puro estilo Resines, y en realidad no se movió de donde lo dejó Bruce Willis.

Esta película es, sin lugar a dudas, el mayor “¿Pero qué haces aquí, alma de cántaro?” con el que me haya topado, componiéndose de una recua de fantásticos intérpretes que parecen ser guiados por un ciego a partir de las pistas del mapa que le han compuesto unos monos con acceso a papel y tinta. Es una verdadera lástima presenciar a Kathy Bates pintada con betún o a Dan Aykroyd (Ray en “los Cazafantasmas”) vestido como un payaso de rodeo. Ni sus actuaciones son dignas, ni parece importarles (hasta Bruce Willis, quien también obra como narrador de la cinta, recita tan atropelladamente sus líneas que parece que le falta tiempo para salir del estudio de grabación.

Valoraciones

 

Lo bueno: Elijah Wood, que hace lo que buenamente puede, y la primera aparición en pantalla de Scarlett Johanson.

Lo malo: Los chistes, el guión, los diálogos, la ausencia de un mínimo de investigación.

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